El Impuesto a las transacciones financieras y la Unión Fiscal

24 May

Una de las reivindicaciones de la Plataforma More Europe es la unión fiscal para Europa. En tiempos como estos que nos han tocado vivir, más que nunca son precisas soluciones políticas innovadoras que contribuyan a la consolidación fiscal en la UE.

En esta semana es propicio resaltar, por un lado de cumbre informal de Bruselas, donde se plantean medidas de mutualización, como los Eurobonos y la recuperación de la vía del crecimiento, debate que cobra fuerza tras la victoria de Hollande en Francia y que deberá definirse en el Consejo de junio, aunque lo más apremiante es garantizar la estabilidad financiera en la Eurozona, más allá de los ajustes que se vienen imponiendo a los Estados miembros. En momentos de austeridad, más que nunca, se justifican medidas que apunten a nuevas formas de aumentar los recursos disponibles para aplicar políticas proactivas.

Foto de la Cumbre de Crecimiento                            imagen procedente de http://www.ntn24.com

Siguiendo la línea apuntada en 2011 en relación con la propuesta de emisión de Bonos de Estabilidad, la Comisión se sigue mostrando partidaria de la emisión común de deuda en la Eurozona, si bien amparada en paquetes legislativos que deberían crearse ex profeso, en la línea de las medidas fiscales que impone el Six-Pack para integrar las políticas presupuestarias. No olvidemos que para que las normas sean vinculantes deben ser aprobadas por el Parlamento Europeo, la Comisión y los Estados miembros.

Una de las iniciativas más interesantes propuesta por la Comisión para incrementar los recursos propios de la Unión es el Impuesto sobre Transacciones Financieras

Justamente este debate se trato ayer en el pleno de esta semana en el Parlamento Europeo. La aprobación de este impuesto supondría que el sector financiero contribuyera a cubrir los costes de la crisis después de haber disfrutado de ayudas públicas muy significativas desde el inicio de la crisis actual (los Estados miembros de la UE han destinado 4,6 billones de euros al rescate del sector financiero durante la crisis), sin olvidar que un marco coordinado a nivel de la UE facilitaría la creación de un mercado interior de servicios financieros más fuerte al evitar distorsiones de la competencia.

Parlamento Europeo

Se entiende que la armonización del impuesto impediría la evasión, evitaría la doble imposición y minimizaría las distorsiones de la competencia dentro del mercado único. Con todo, lo idóneo sería un impuesto sobre las transacciones financieras a nivel mundial, debido a la interconexión de los mercados financieros, y así se reduciría el riesgo de deslocalización. El tipo impositivo que se ha propuesto para acciones y obligaciones es del 0,1% y del 0,01 % para los derivados a pagar por las dos partes que intervienen en la transacción en el país de residencia. Los Estados armonizarían la base imponible, por lo que favorecerían la igualdad de condiciones en el mercado y además reducirían la especulación financiera.

La recaudación de este impuesto iría destinada a financiar el presupuesto de la UE, aunque se contempla que una parte revierta en los Estados miembros. Sin embargo, la Comisión desea que este impuesto se convierta en un recurso propio de la UE, rebajando así las contribuciones basadas en el PIB de los Estados miembros.

El impuesto entraría en vigor en enero de 2014, formando parte ya de los recursos propios en el marco financiero 2014-2020. La propuesta para la introducción del Impuesto sobre Transacciones Financieras debe aprobarse por unanimidad en el Consejo de la UE, a partir del dictamen definitivo del Parlamento Europeo. De introducirse esta tasa, la UE será precursora mundial, y a partir de ahí se trabajará en favor de las normas comunes y, en especial desde el G-20, para la aplicación del impuesto en todo el mundo.

No cabe duda de que la introducción de este tipo de impuestos va en la dirección de fraguar una unión fiscal y presupuestaria, asegurando la sostenibilidad política de la Unión, algo que dotaría de credibilidad y capacidad de acción a las instituciones europeas, acercaría las políticas al interés general, pero sobre todo dotaría a las instituciones de la UE de autonomía y legitimidad.

Artículo escrito por Eva Peña, Vicepresidenta de la Plataforma More Europe

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